Dos victorias en día domingo

Ya eran bastantes y consecutivas las noches de domingo amargas, sin ánimos de escuchar por Radio Cooperativa los pormenores de la fecha tanto en primera como en segunda. Para Daniel era norma: si la U ganaba, se quedaba hasta las tantas de la mañana viendo el Zoom Deportivo, pero si perdía, reemplazaba los relatos de la jornada por música de los Beatles. Ojo que el día no comenzó auspicioso tampoco, se le pasaron los porotos, quedándoles con ese sabor medio “azumagado”. Aparte se quedó dormido después de almuerzo y tuvo que hacer el aseo medio corriendo porque pronto llegaría la Fran con el Panchito de la casa de los tatas. Más nervioso que concentrado Daniel barría y miraba el partido. Gritó, cantó, sufrió, puteó y desató su algarabía corriendo por la casa. Listo, ganó la U. Sin cábalas, sin oraciones ni promesas cotidianas hechas a la rápida, esta vez no fue necesario. Ganó la U y cortó la sequía. Se puso tan contento el Dani que se duchó rapidito y fue a comprar para la once, quería desparramar su alegría. Había que salir de gala, así es que obviamente se puso el polerón marca Avia del noventa y cuatro.

“Hola mi amor” lo envuelve con sus brazos y apoya su cabeza en el hombro del niño, para sentir uno de los olores que extrañó toda la tarde. Se incorpora y le ayuda con la mochila a la Francisca, al tiempo que le da un cariñoso beso, con los ojos cerrados como cuando recién se empieza. Panchito responde casi todas las preguntas que su papá le hace hasta que le pide que jueguen a la pelota. En ese intercambio de pases, Panchito suelta un inconfundible “goooool de la U”. No puede negar Daniel que es algo que viene trabajando junto a su hijo; camisetas, banderas en la casa, revistas, cánticos en momentos anodinos y algunos otros etcéteras. Así que aprovecha y le cuenta que la U ganó, que ganó jugando bien y con actitud. Suena el teléfono, la abuelita de este lado quiere ver un ratito al Panchito. Van, total es temprano y está todo listo; de aquí en adelante es todo ganancia. Comienzan a pasar el noticiero, el tata ve el compacto con los goles de esos que le gustan a él, esos que no tienen colores. Y cuando la pantalla se tiñe de azul y rojo, Panchito da un respingo y dice: “La U”. “Sí”, contesta con desgano el abuelo. “La U, tata”. El papá está sentado un poco más al borde de la silla y mira fijamente a Panchito, quien está tan metido en la pantalla que no se percata de los ojos de su papá. Conteniendo el aliento, escucha la frase que esperó durante todo este tiempo, y que por añadidura se la está diciendo al tata que transita por la otra vereda de la vida. “A mí me gusta la U tata” y siente una satisfacción tan enorme como inexplicable. Siente que la tarea está avanzada en buenos pasos. Sonríe levemente, pero es solamente porque no quiere pasar a llevar a nadie; adentro está saltando como cuando celebra los goles en la cancha. Le da una mirada cómplice a Francisca y concluye en su mente que es un gran día domingo.

 

Nacho Márquez | Radio AzulChile.cl