Capítulo 11: “La máquina del tiempo”

Más de algún historiador ha dicho que la historia es cíclica. Un filósofo alemán, mal conocido por sus célebres ataques al cristianismo, dictaminó el Eterno Retorno de lo Mismo: toda nuestra vida, dice, habrá de repetirse infinitas veces hasta en sus más mínimos detalles. Hace algunos meses, cuando el empate de Chile con Bolivia, más de algún periodista ironizó con el regreso de la calculadora, esa confidente eterna de nuestra selección. Lagos y Piñera aportan con su chiste repetido. Más de algún nostálgico enciende la TV en las tardes a mirar los avatares de la familia Ingalls y su casita en la pradera. Falta que vuelvan los lentos y tenemos el cuadro completo.

La U no se queda fuera de la tendencia. No sólo volvió Víctor Hugo y compañía; volvieron los empates y una larga sequía de triunfos, volvió el querido y vilipendiado bombo, volvieron los extintores y, lo que hacía falta, volvieron los carabineros a la galería.

Lo de ayer fue noventero. Las chispeadas de dedos por un puesto en el tablón, las corridas, los lumazos de la policía. Nada nuevo bajo el sol, dice el Eclesiastés. Otras tardes fueron muy similares, de visita y de local. Carabineros entra a restaurar el imperio de la ley. ¿Sabrá la señora Ley que sus custodios tienen complejo de superhéroe? Ellos son los únicos buenos de la película; los otros, unos desadaptados, unos delincuentes. Y mientras la U apenas empataba a 1 con el equipo B de Audax Italiano, los buenos y los malos se agarraban a palos en la puerta 16.

La pelea, eso sí, estaba más entretenida que el partido. La U volvió a ser un desastre. En el entretiempo caían las lágrimas. Y no tanto por el juego de la U -eso un hincha se lo banca tranquilo-, sino porque a la Ley se le ocurrió lanzar granadas lacrimógenas. No le importó a la Ley jugar a la guerra en un Estadio lleno de niños. Justificar el sueldo es más importante. He ahí el resultado de formar individuos sin criterio que no responden bien bajo presión.

Ayer ni el Johnny, héroe indiscutido, se salvó de la máquina del tiempo. El viejo Johnny “Errores” hizo su aparición. En el primer gol del rival, se confió del poco confiable Jano Contreras y pasó lo inevitable. En el segundo gol, y cuando ya teníamos los puntos en el bolsillo, hizo lo que nunca hay que hacer: rechazó con ambos puños al medio, dejando la pelota servida al rival. Pepa y a lamentarse. Audax jugó con la ilusión que le faltó a la U.

Lo nuevo, lo que no se ha repetido, es la grata aparición de Jonathan Zacaría. Por derecha, por izquierda, apareciendo por el medio, marcando goles importantes: ¡qué jugadorazo! Ni idea cuánto costó su pase, pero por lejos es la plata mejor gastada de esta temporada.

Quedan dos fechas, dos finales como dicen los jugadores del plantel, y está en juego un cupo en Sudamericana. Nunca hay que bajar los brazos. Cierto: a veces, el jugador dice “basta”, el DT se va por la puerta de atrás, el hincha prefiere verlo por TV. Pero hay que perseverar. Así lo hemos hecho todos estos meses quienes participamos de este espacio llamado La 17 en el Aire. Sólo por amor a la camiseta. Por inercia. Por insania. Da lo mismo: que el final nos deje en paz porque lo dejamos todo. El fútbol tiene revanchas, es cíclico. “Volveremos, volveremos otra vez…” dice una canción de la hinchada coreada en días más difíciles que éstos.

JC de la 17 en el Aire