Capítulo 13: Azul hasta las pelotas

Si alguien de la U quiere recordar este año que se va, lo hará simplemente por las lecciones que deja: nunca más hacer experimentos con el primer equipo. Ni primerizos, ni duplas técnicas, ni refuerzos que cumplieron a cabalidad el viejo y sabio chiché: no todo lo que brilla es oro.

Es difícil calibrar el tamaño del desastre. Becaccece termina el año dirigiendo en Argentina, confesando que fracasó en la U por ansiedad. Se le va a recordar más por la patada a la máquina de powerade que por otra cosa.

Con la llegada de Víctor Hugo y Musrri el fútbol mejoró, la gente volvió a ilusionarse con este equipo, pero los fríos números son inapelables: con 12 partidos en disputa, perdió 2, empató 7 y ganó tan sólo en 3 oportunidades, con un rendimiento final de 44%.

Las monjas, el 2016, nos tuvieron de hijos. Nos ganaron los clásicos, la final de Super Copa y nos dejaron fuera de Copa Chile. Por si eso fuera poco, gritaron campeón dos veces seguidas. Nada qué hacer.

Del Mudomental, mejor ni hablar. Un año más de desilusiones.

Cuando aún quedaba algo por pelear -un cupo a Sudamericana-, lo impensado: fractura de tibia y peroné para Jonathan Zacaría, el mejor de la temporada.

Y por si eso fuera poco, la U pierde la chance de clasificación directa en el último partido contra Huachipato, jugando de local en el Pasional, con la hinchada cantando. Y si usted piensa que con eso la pesadilla se acaba, está equivocado, pues, para más “recacha”, dependemos de los Innombrables, sí, de un triunfo de los Incoloros en la final de Copa Chile, para clasificar al torneo internacional.

Uno no sabe cuál es la solución: si un sahumerio al camarín de la U o una plaga bíblica por las oficinas del CDA. De seguro Heller tiene buenas intenciones. Pero parece más un empresario venido de un Olimpo lejano que el presidente de la Universidad de Chile, cuya hinchada es un patrimonio cultural del país. La palabra “Club” irá tomando cada vez más fuerza a medida que el hincha de la U genere conciencia sobre esta lejanía de la administradora, cuya figura legal es anónima.

El final de esta película de terror estuvo acorde a su desarrollo. Johnny, el capitán del equipo, tomó la palabra y, además de hacer un mea culpa, tiró con todo: la U es muy grande como para hacer experimentos, y que cada uno debe tener claro su rol. ¿Lo dice por Beccacece? ¿Lo dice por la dupla técnica? Como fuere, los signos indican que se vienen cambios.

El fútbol es así. Si me decían que el 2011 iba a tener su contrapartida en este horrible 2016, firmaba igual. La vida tiene estas vueltas de mano. Un día la Gloria nos embadurna la boca con sus besos apasionados; otro día, nos toca bailar con la Fea. Pero ya está. El sufrido hincha de la U tiene un corazón más grande que el Costanera Center. Y lo siento mucho por los hinchas de otros equipos, pero el Aguante es nuestro. Tendrían que volver a nacer para saber qué se siente.

Ya volveremos el otro año, y volveremos como siempre: azules hasta las pelotas.

JC de La 17 en el Aire