Carta abierta a la U

Hola bulla, ¿cómo estás? Es innegable que no hemos andado del todo bien por estos días, así es que vine a decirte algo. Pedirte algo, más bien.

Pedirte que te acuerdes del camino que hemos recorrido juntos.

Que saboreemos juntos los sorbos de pisco escondido en la chaqueta de cuero la vez con Cruzeiro.

Que sientas en tu latir la adrenalina de esas caminatas por Avenida Matta con camiseta en los barrios pintados sin colores.

El dulzor de ese melón con vino después del penal contra La Calera y la alegría de los goles que llegaban por la radio desde la quinta región.

Evoquemos el estacionar en el Montserrat antes de cruzar la Shell y comprar las entradas en ese estadio que parece castillo y que está en Independencia, así como también de la ensalada de chuchadas proferidas al lateral rival de turno a través de la reja cuando estábamos en Andes.

Recuerda que ahí vimos también uno de los pocos goles del gran capitán a Huachipato, el 2002.

Que la guagua se asustó cuando gritamos el uno a cero en México, con el tata ahí en el sillón.

La amargura del llanto después de los penales el 2006.

Te pido que te acuerdes del taxista que soltó el volante en plena Alameda para celebrar el gol de Victorino a Flamengo, y también de la polera de Montillo, nuevamente en Plaza Chacabuco.

De cómo nos comimos las uñas contra Vasco y de la caminata a Santa Ana la noche de ese glorioso día catorce.

De la camiseta Avia con los números rojos; la de los chunchitos en las mangas;la del jugo de soya con el mismo chunchito en el cuello; de la primera con mangas rojas y por supuesto, de la Chilectra Metropolitana.

De la catarsis que se produce cuando cantamos sin polera.

Del Diego.

De la mortecina luz que arde al caer el sol tras las cornizas del Nacional.

Del olor que tenía el pasto cuando lo arrancábamos con las manos allá en El Salvador, y de las camisetas blancas y naranjas que se jugaron la vida para poner sobre nosotros los mismos fantasmas que nos venían acompañando hacía veinticinco años.

De la discusión en casa al llegar desde Talca, en ese bus que traía un carácter de mierda.

Del desayuno hacia Rancagua.

Del penal al Huevo y el dolor en River.

De las micros que no nos pararon porque íbamos con camiseta.

Del álbum de Salo y las insignias pegadas en los cuadernos.

De los cabezones del plantel noventa y cuatro.

Del taca-taca al que le pintamos azules los jugadores.

De las dudas.

De las Noches Azules.

De las veces que interrumpimos las juntas familiares para verte jugar.

Piensa, amigo mío, en los que no alcanzaron a verte campeón de América, en la excusa que metimos en la pega al día siguiente de los penales en La Serena, en los guitarreos en Las Salinas cuando íbamos a la Copa Viva Viña, en esas conversaciones interminables con amigos y rivales hablando de ti, de nosotros.

Finalmente, te pido por lo que más quieras, que no olvides cuánto te quiero.

 

Nacho Márquez | Radio AzulChile.cl