(Casi) Sueño de una noche de primavera

Calor, entretención, música, homenajes, artificios, bandera gigante, todo eso fue la previa del partido de la U versus el puntero, lo que fue casi una noche perfecta.

El calor abrasaba a Santiago en general. Rumbo al estadio, cerca de las 18 horas, vi varios camaradas en las inmediaciones del estadio buscando algo de sombra, familias completas, amigos, parejas, nadie quería quedar fuera de la fiesta que ya estaba armada. Se vislumbraba que estaríamos a capacidad (casi) completa, y conforme pasaba la hora se iba llenando de color el estadio, todos íbamos con la misma intención (aunque como dije en la columna anterior, aparecieron todos los que nunca van), ser partícipe de una noche inolvidable, la gente respondió y con creces, no así el equipo.

Fue lindo y a la vez nostálgico ver el partido donde vi jugar a Mardones, Valencia, Goldberg, Rivarola y tantos otros, rememoré muchas de esas tardes inolvidables cuando era más pequeño y ya más de viejo  de buenos y lindos momentos regalados por estos ídolos, se me hizo un poco más corta la espera, y para sorpresa mía (y creo que de todos) que en ese partido salieran los jugadores del mítico “Ballet Azul” hizo que el final fuese emocionante.

Dosis de música, buenas cuecas con “El caballero del gol” a la cabeza, y sí me di un gustito de bailar un pie de cueca junto a Romina (creo que a quien lee esto no le va a interesar, pero otro gusto que me quería dar, que supieran que lo hice) y conforme avanzaba la hora las ansias de ver al equipo aumentaban, y se acercaba la hora.

Llega el momento más esperado por todos, la introducción al partido, el despliegue de la Bandera más grande autogestionada por los hinchas, para los hinchas. Momento hermoso y mágico, fue lindo ver como el trabajo de años de los hinchas era mostrado al mundo, y es la muestra fehaciente de que uno se enamora de los colores, camisetas y esa U roja que va en el pecho.  Mis felicitaciones para Claudio por el trabajo hecho durante años y que la noche del sábado 5 de noviembre de 2016 vio la luz.

La espera terminaba y hora de ver al equipo, se sabía que era difícil, pero nunca imaginé que tanto, si bien el primer tiempo fue bueno, la U fue en baja y como ha sido la tónica de este magro año volvimos a sufrir, corazones paralizados con la jugada más peligrosa del primer tiempo en manos del rival, pero volvimos en sí mismos cuando Herrera se lució con una atajada extraordinaria.

Al entretiempo y como debe ser en todo orden de cosas a la hora de valorar a la gente que ha dado, un reconocimiento en vida al Ballet, nuevamente las emociones afloraban y fue hermoso verlos en la mitad de la cancha saludando a los más de cuarenta mil que estábamos presenciando otro momento mágico.

Segundo tiempo y conforme pasaron los minutos Iquique llegaba, bastaron siete minutos para desnudar todas las falencias de nuestro equipo, sumado al pobre nivel de algunos, esto se veía muy cuesta arriba, pero como reza la canción “En Chile, jugamos de local, la gente no para de cantar” más de cuarenta mil siendo una sola voz, creo que fue un buen aliciente e inyección de ánimo para el equipo, con tal de que pudiese revertir la situación, y creo que dio resultado con un golazo de un improvisado lateral derecho y un gol del que está llamado a romper redes.

Fue un día hermoso para el hincha, y todo aquel simpatizante que va esporádicamente por toda la previa, no así por el resultado, fue un casi sueño de una noche primaveral, donde el nivel discreto mostrado en algunos pasajes mermó lo que pudo ser una noche perfecta.

Por Cristobal Arias Zamorano.