El After

─Una y nos vamos─ le dice Cristian a su hermano Andrés al ingresar al bar Brasilia─ ,la verdad es que no estoy muy de ánimo, que digamos──

Todos los lunes, los hermanos Cristian y Andrés Rodríguez van a tomar cerveza al bar Brasilia. Queda a pocas cuadras del edificio donde ambos trabajan. Cristian es abogado y Andrés vende instrumentos musicales en una tienda cuatro pisos más abajo.

─Dale Cris, si tampoco es tan terrible. Perdimos con el colo, qué tanta cuestión. Si son ellos los que viven preocupados de nosotros. No le des tanta importancia, esta semana jugamos con el Audax y nos va a ir bien.

─No te entiendo a veces, huevón.─Cristian pasa rápidamente del desconsuelo a la rabia─ .No solo perdimos, les regalamos todo el partido para que hicieran lo que quisieran. Nunca había visto tan desdibujada a la U en ese estadio de mierda, y tú tan campante.

─Sí sé, si vimos el mismo partido. Pero puta, yo siempre he sido así, no sé. Para mí el partido más importante es el que viene, y el resultado de cada domingo es pasajero. Nunca me pasó eso de darle tantas vueltas al asunto y de amargarme tanto rato por haber perdido.

─¿Te diste cuenta cómo entraban solos Paredes, Valdés y Valdivia?─Cristian parece más cerca de perder los estribos que de alinear sus chakras─ . A los nuestros les faltó puro ponerles una alfombra roja para que se metieran al área esos desgraciados.

─Te estoy diciendo que sí, porfiado─respira, Andrés, respira─ . Yo sé que algunos jugaron horrible, que no le pusieron ni medio huevo al asunto, pero ya pasó. Nosotros no tenemos la culpa de lo que pase en la cancha, o quizás sí, el punto es que dejes de amargarte por ese partido de mierda.

─Me cuesta─la rabia ha dado paso a la melancolía─. Tú eres más chico, pero yo me acuerdo de los clásicos del 99 y el 2000. Salíamos a matar con ganas, los jugadores azules no dejaban que los indios les pintaran la cara. Ayer ni una patada decente pegaron. Si pusieras a jugar a 11 hinchas de verdad, por último venderíamos más cara la derrota.

Cristian viaja al pasado montado en la nave de sus recuerdos y se remonta a ese año 2000 en el que la U dio vuelta un partido épico en el Monumental. En ese tiempo los clásicos se jugaban de noche, así es que el cielo se tiñó de azul profundo para ver los goles de Rivarola y el Heidi. Iban a ir con su papá, pero el viernes antes del partido le entró una bronquitis que lo obligó a cancelar todos los planes que tenía ese fin de semana, y que se contaban con los dedos de una mano. Ir a un cumpleaños, entrenar en la escuela de fútbol y, el más importante, ir al estadio. Haciendo causa común, su progenitor se quedó en casa y lo vieron por SKY.

Andrés sabe que en realidad no son 16 años, como dicen los de la otra vereda. Son 14, porque ese recinto estuvo castigado el 2004 y 2005 debido al piedrazo que recibió Nelson Pinto y que obligó a dar el partido por terminado. Súbitamente se acuerda de algo.

─¿Te acuerdas de que en el año 2003 cuando castigaron el basural por el piedrazo al “Chupa” hicieron esa película “Azul y Blanco”?

Cristian lo mira sorprendido. Sabe que su hermano a veces recuerda cosas anodinas, pero no tiene idea de qué relación tiene lo sucedido el pasado domingo con esa película donde hizo un cameo Iván Zamorano, y que no fue bien recibida por la crítica.

─Sí. O sea, algo─ le sigue el juego, esperanzado de que hablar de estas cosas le calme un poco la ira─. La única película de barristas donde no aparece ninguna insignia. Zamorano actúa más o menos no más.

─No es su especialidad. Es como un jugador que llega a la U después de haber jugado en el indio.

La capacidad que tiene Andrés de hablar de distintos temas en tan corto lapso de tiempo deja pasmado a Cristian.

─¿Estás comparando a Zamorano con los cuatro causantes de la desgracia? Ahora sí te perdí, hermanito.

Andrés ha logrado lo que tanto quería, que Cristian liberara una sonrisa para iluminar un poco el semblante apesadumbrado con el que llegó al hall de recepción donde lo esperaba su hermano menor. Cuando el mozo pasa cerca de su mesa, Cristian levanta la mano y le pide una cerveza.

─Oye Andresito, ¿a qué hora jugamos con el Audax?─

 

Nacho Márquez | Radio AzulChile.cl