Historias de clásicos Parte IV

Última parte de esta gran recopilación de relatos breves de nuestros camaradas. Recuerden que esta noche, a partir de las 20:00 horas en “La Previa Azul” se conocerán las mejores historias  sus respectivos ganadores. De antemano, agradecemos a todos quienes se dieron el tiempo de escribir y participar. 

“Esta historia parte de niño cuando conocí a un amigo que jugaba en las cadetes de Colo Colo, pasaron los años y de buena onda me invitó al Monumental a ver el clásico del torneo de clausura 2007. Fue bonito porque había que ser discreto pero lo que vendría seria algo inolvidable…primero se veía como un plasma gigante y mejor que en televisión. El partido en sí fue un empate, pero de esos que dejan con gusto a triunfo: dos goles de Sebastián Pinto, el primero un golazo de distancia y el otro a los 45 minutos del segundo tiempo, dándonos un empate de visita que aún se recuerda. Me acuerdo salir corriendo de alegría por Rapa Nui y ver el palco de los dirigentes y jugadores de la U y darles la mano fraterna al sentir que eramos tan pocos en un estadio repleto de colocolinos. Me quedo con Los de Abajo, los huevos que pusieron, ver al gran matador, el plasma gigante y la U en el pecho latiendo eternamente hasta el día de hoy y siempre”, Felipe García.

“La última vez que fui a un clásico de U. De Chile vs Colo Colo las entradas se vendían como pan caliente, todo colapsado y por el miedo de quedarme sin entradas me conseguir en Twitter el dato de un hincha azul que tenía entradas a la venta, le deposité el pago de dos entradas. Yo estaba trabajando así que con una licencia me la arregle para viajar, al momento de ir a esperar el bus con destino a Santiago, mi “amiga” no llega y me avisa que no irá porque no tenía con quién dejar al hijo. Así que cara de palo me subí al bus para ir sola, con mi camiseta puesta de lo más tranquila, dormí como dos horas y despierto cuando el bus hace una parada en el terminal de Temuco y quedé con dudas y le pregunté al auxiliar y era con destino a Osorno, quede pálida con ganas de ir al baño del puro susto y me dice que, como yo iba durmiendo, no me pidió el pasaje. Bajé tranquilamente sin pensar nada, me siento en el piso del terminal y rompo el llorar y como último recurso ocupé la única plata que llevaba en un pasaje para Santiago, cuento corto llegue a Santiago, al estadio y el tipo que le deposité nunca me contestó el celular y me cagó con las entradas y yo le enviaba mensajes que no importa que solo me pasara una pero no, me cagó con todas sus letras. Otra vez me siento en el piso del estadio a llorar y la gente empezó a dejarme plata sobre mi mochila y yo no entendía que onda, así que me hice unos pesos y compre una entrada a una mina cuando ya era segundo tiempo. Entre al estadio y para mala suerte íbamos perdiendo, se descargo mi celular. Perdimos el partido pero igual con todos los de la U salimos cantando más fuerte que nunca y se pusieron a pelear y todos salimos arrancando (yo de miedo) porque andaba sola, y no que me toman detenida los carabineros… por pura mala suerte. Y ahí quede detenida, sin cordones en los zapatos, sin plata, y llorando otra vez. Al salir, cargué mi celular ahí mismo, pedí el favor de cargarlo un poco, y mi mamá me depósito para volver a casa. Por la demora, quedé sin trabajo, con gastroenteritis de verdad, pobre, y la paliza de mi mamá por hacer la locura de ir sola. Pero estuve presente, una aventura extrema hasta el día de hoy no lavo esa camiseta”, Belén Linco.

“Recuerdo que en el año 2003, en el gran clásico del club de mis amores, con 40° grados de calor, sin un peso para mi entrada, logre entrar gratis con una sola condición…disfrazarme de “Chuncho” y dar un espectáculo antes del partido para los asistentes jajajaja….esto fue portada en La Cuarta donde se preguntaban quién había sido el “parcito” que se había vestido con ese traje de piel con la alta temperatura que había ese día jajajaja”, Priscilla Lagos.