“Hoy tampoco”

Vió su nombre fuera de la oncena titular, cuando ayer entregaron la nómina oficial. Al menos figuraba en la banca; algo es algo y peor es nada. Entonces la concentración fue diferente a las primeras del año, digamos febrero o marzo. Debido a su bajo rendimiento, Juan Galleguillos ha perdido la titularidad en desmedro de un muchacho bastante promisorio, pero que tampoco ha destacado sobre el terreno de juego.

Subió al bus que los llevó al estadio, se sentó donde siempre porque cábalas son cábalas y se puso los audífonos para escuchar el soundtrack de Rocky tal como lo hacía antes de cada partido. Bajo unas amenazantes nubes grises hizo el trabajo previo con el resto de los suplentes y fue acostumbrándose a la funesta posibilidad de no jugar hoy tampoco, tal como la fecha anterior.

Cuando mencionaron su nombre a través de los parlantes del estadio y la gente aplaudió estridentemente, sintió un pequeño calor en el pecho, esbozó una sonrisa y levantó ambas manos en señal de agradecimiento. Le había dado sus mejores años al club, lo había guiado al título después de una sequía de 17 años, había ido a probar suerte en Argentina, donde se consagró con 24 abriles y finalmente tuvo un regular paso por el fútbol italiano.

Ahora su hinchada, a la cual también había pertenecido le cantaba en señal de agradecimiento y aguante. Era un ídolo del club, y las respuestas a si debía o no jugar en un esquema dinámico y moderno eran variadas. Al volver al túnel, sintió un poco de envidia al ver equiparse a sus compañeros pero les deseó suerte uno por uno. Salieron al campo de juego y observó atentamente a su hinchada, que había preparado una salida espectacular como siempre. Tomó su ubicación en el banquillo y se aprestó a ver el encuentro.

Reñido, trabado y con varios fouls, sumado a una llovizna que en cualquier momento se podía transformar en aguacero fue la tónica del inicio del juego. Las oportunidades de gol escaseaban y comenzaba a abrirse paso la desesperación en ambos elencos, que chocaban en un duelo clave para las aspiraciones del título. De repente, un delantero rival cayó en el área y el juez decretó la pena máxima. Galleguillos no estaba atento a la jugada, el arco propio era el más alejado y por ende no pudo cerciorarse de que fuera o no penal; aun así lo reclamó airadamente como si estuviera muy seguro.

Prestó más atención antes del lanzamiento y se lamentó cuando vio cómo su enguantado compañero se lanzaba al lado contrario del balón. Se largó a llover como con balde y el profe mandó a todos los suplentes a calentar. ¿Tan rápido habían pasado los primeros 35 minutos de juego? ¿Tan mal estaba jugando su equipo que la única jugada de riesgo había sido ese penal en contra? Sin ser capaz de responder del todo estas interrogantes, Juan se puso de pie y comenzó a hacer los ejercicios indicados al lado de la banca sobre la pista de atletismo, siempre con un ojo puesto en la cancha.

El árbitro decretó el final del primer tiempo y se juntaron todos en el medio para arengarse. Escuchó atentamente al capitán que los instó a seguir buscando los pases más fáciles y ser más incisivos con la conducción del balón.

Bajaron al camarín y escuchó las instrucciones del técnico sin ponerle demasiada atención; francamente estaba más preocupado de jugar que de las indicaciones tácticas. El DT no hizo cambios y volvió a sentarse en la banca acompañado de algunas cabezas gachas. Siguió el trabajo precompetitivo y la lluvia pareció ofrecer una tregua a esos 5 jugadores que aguardaban el momento en que les dijeran: “Dale, te toca”. Vino la primera substitución. Un delantero por un volante de salida.

El técnico quería ganar terreno y decidió que la mejor forma de hacerlo era cortar al equipo, así es que quedó jugando con línea de cuatro, dos volantes de corte, un doble cinco y tres delanteros, dejando atrás el recatado 4-4-2 con el que inició el encuentro. Siguieron las acciones y Galleguillos corrió a celebrar junto a sus compañeros el empate, que había llegado tras una serie de rebotes en el área rival.

Uno a uno y quedaban 20 minutos. De pronto y tras un lanzamiento de esquina, vino el contragolpe rival, el foul del arquero fuera del área, el tiro libre y la expulsión. Se agotaba otra posibilidad de cambio y el panorama se oscurecía un poco más, dado que quien tuvo que salir para dar paso al golero suplente fue uno de los volantes de corte. Esto le alejaba aún más la probabilidad de entrar a Juan, quien ya se había hecho la idea de no tener acción en el juego.

Faltando diez minutos (más descuentos) para el término del partido, una violenta patada de un rival tuvo como consecuencias la igualdad de hombres sobre el campo de juego y la notoriamente dolorosa salida en camilla de uno de los centrales, el cual además era seleccionado nacional. Ahora menos, se dijo Galleguillos. Llamaron al último delantero que quedaba, un chico de 17 años que había subido recién ese año al primer equipo.

Listo, se acabó, hoy tampoco. Juan fue a sentarse a la banca masticando la amargura. Después en la semana dirá que está trabajando para retomar el nivel, que los resultados se darán solos, que el técnico habla mucho con todos los jugadores, que los dirigentes han respaldado a todo el plantel y al cuerpo técnico, que han tenido mala suerte, que van a pelear hasta el final y todas esas cosas que responden los futbolistas ante las mismas preguntas de siempre. Por ahora, Juan agacha la cabeza, se olvida de lo que pasa en el rectángulo verde y con la mirada perdida se dedica a contar las gotas de lluvia que caen furiosas justo delante de sus pies.

 

Nacho Márquez | Radio AzulChile.cl