Ida y vuelta contra el rival más difícil

La fecha es casi una anécdota, el resultado no tanto. Boca Juniors vence a Gremio de Brasil en Porto Alegre y se corona campeón de la Copa Libertadores. Riquelme, Palacio y Palermo eran puntales de un equipo que solo tenía la mente puesta en esa copa. Sin embargo, quien llevaba las riendas técnicas de ese grupo de hombres no solo tenía la copa en mente. Mejor dicho, no solo tenía esa Libertadores. Su mente subía y bajaba los escalones de su propia historia, deteniéndose con nostalgia en el año 1996. No quiero ahondar en especificaciones innecesarias porque a mí, veintiún años después y a pesar de solo haber tenido cinco en ese momento, todavía me duele esa semifinal; pero él pensó en ella. La posibilidad era cierta y un error arbitral nos privó de jugar la final. Cuando digo “nos” me refiero a nosotros y a él, a él quien esa noche supo lo que era dar el último paso hacia la consagración. Y mientras él pensaba en 1996 y disfrutaba ese efímero presente, jamás pensó que la vida le pondría al frente una final, en teoría, imposible.

El solo hecho de pronunciar esa palabra nos deja un frío en la espalda, por lo que imagino que ser el receptor de dicho diagnóstico debe ser francamente devastador. Y es que no hay cura fácil, entonces lo que viene inmediatamente después se define en dos opciones: rendirse o luchar. La vida no se sorprendió cuando él decidió tomar la pizarra y armar un esquema táctico para enfrentar el partido más difícil de todos. Y fue así como tuvo que salir a la cancha, de visitante, con la hinchada rival copando el estadio, en una infernal tarde de la ciudad de la furia. Pero Buenos Aires está acostumbrada a esas finales, y él no estaba solo. Lo acompañaban los Guerreros Canallas, los Bosteros de la Doce, los Azules de Millonarios, los del Fortín y por supuesto, Los de Abajo. Y aunque él no podía verlos, alrededor suyo había millones de personas cantándole y poniéndole el aguante, en retribución a los maravillosos momentos vividos. ¿Cómo no va a ser lindo el fútbol, si nos pone a muchos a pensar en alguien y acompañarlo en sus momentos más duros solo por el hecho de habernos hecho felices en algún momento?

Cuando despertó le dijeron el resultado: había ganado la ida con un gol en el último minuto. Su preparación fue suficiente, el orden táctico de las piezas estuvo impecable y el aliento resultó gravitante en los pasajes apretados del encuentro. La vuelta comienza a jugarse ahora, y el resultado hay que cuidarlo, pero como él, Miguel Ángel Russo dijo en conferencia este martes, “esto se cura con amor”.

 

Nacho Márquez | Radio AzulChile.cl