La Crónica de JotaC “Capítulo 2: De la mano del Duende”

Rosario es una capital del fútbol mundial. El balompié nuestro debe mucho a algunos de sus próceres. Hay que sacarse el sombrero ante el señor Bielsa, por ejemplo, cuyas locuras nos volvieron locos, obstinados, orgullosos.

De Sampaoli se puede decir cualquier cosa, pero no entiende mucho de esto quien duda de su calidad. Si bien de Casilda, hizo en Rosario su primera tapa de diario.

Y de Rosario vino el duende Lorenzetti, quien fecha a fecha nos recuerda que para jugar al fútbol basta una zurdita y mucha calma. Su juego es el que haría un monje budista entre hordas de vikingos. Jamás pierde un balón. De sus pies jamás sale un ladrillo. No hace 10 goles por torneo, pero ofrece esa misma cantidad de posibilidades a sus compañeros.

No sale en la portada de LUN, ni publica una foto cada cinco minutos en Instagram.Lo suyo es merodear por la cancha con la pelota pegada al pie. Su virtud: la paciencia. Ante tanto pelagato que se mata por cinco minutos de fama, el duende enseña que en silencio se fraguan las gestas de verdad, las finales.

Esta U gravita en torno al fútbol de Lorenzetti. Quizás no alcance para ser campeón de la Libertadores, quizás no estemos hablando de Messi. Pero van seis temporadas con el duende en la cancha, ocupando el puesto del famoso 10 que siempre alguien pide como solución mágica para jugar bien a la pelota.

Vaya este humilde homenaje al jugador humilde que el viernes, ante Temuco, sacó de paseo la zurdita, marcando en dos ocasiones para los azules. El segundo una maravilla, un tiro libre en movimiento.

Bien el cazabombardero Pinilla, dando batalla en las alturas. Bien Benegas, el más nombrado por los murmullos, el primer defensa que tiene la U en cancha. Bien Arancibia, cuyas inyecciones de vértigo ofrecen chances al equipo. Bien Caroca, pasado a indio… pero el hombre juega, y en serio. Bien Lorenzo Reyes, el mostro que tiene la U en el mediocampo. Las ganas de Seymour siempre conmueven; lo de Pizarro, cuando entra, es para sacarse el sombrero.

En fin: bien la hinchada. Sumen todos los otros pleitos que ni así hacen los 36 mil azules que llegaron en la segunda fecha del torneo. Qué lindo ser de la U. Porque nos definen nuestras acciones, no la boca, ni las redes sociales, ni la prensa.

Y vamos por más. No somos campeones ni mucho menos. Pero con este equipo y las variantes que tiene… el que no se ilusiona tiene el pecho cubierto en escarcha.

JC
La 17 en el Aire