La marquesina del dirigente: Otra oportunidad perdida.

El duelo, como pocas veces, pillaba a dos equipos que veían de decepciones en los encuentros anteriores. No tan lejanos el rendimiento de un cuadro con el otro, pero con la U superior en juego e individualidades, de eso no había duda. Tampoco de que los albos veían con el ruido de un inminente cambio de DT y el caso de violencia intrafamiliar del jugador Valencia. Era difícil pensar en un escenario más favorable.

Pero la historia terminó como ha terminado estos últimos 7 años, con el equipo que viste de azul frustrado sin poder derrotar al rival albo. Como muchos de estos partidos desde 2013 en adelante, el conjunto laico no mereció ganar tampoco.

En la memoria del pueblo azul quedará la muy clara chance perdida por Joaquín Larrivey en el último tramo del duelo. Pero no solo esa ocasión podría generar un mal rato en los hinchas de la U roja en el pecho. El resto del partido no tiene mucho que rescatar para ambos equipos.

El duelo jugado en los silentes pastos de Ñuñoa tiene pocas aristas y explicaciones, porque no dio para tanto tampoco. El local, un equipo que carga con una pesada mochila de 7 años sin vencer a su eterno rival y el visitante, con la confianza de quien sabe que podrá zafar nuevamente. No por obra y gracia del espíritu santo, sino porque tiene jugadores que parecen nacer para este tipo de partidos. Paredes, Barroso e Insaurralde superan todo tipo de limitantes que los años y la merma física les puede entregar para subir superlativamente su nivel en este cotejo. Por el otro lado, el nuestro, Espinoza, Montillo y Henríquez muestran una actitud diferente y parecen entender el valor que tiene jugar contra Colo-Colo.

 Pero no solo con ganas y actitud se ganan los clásicos, es necesario tener un juego y la herramientas técnicas y tácticas para enfrentar al rival de siempre. Y eso es lo que le faltó a la U en el partido del domingo pasado. Nuevamente se vio un equipo muy lento en las transiciones defensivas y ofensivas. En donde le costaba pasar a la siguiente fase del juego. No solo eso, el desarrollo fue insulso y predecible tanto en labores defensivas como ofensivas. Es simple atacar a la U, hay que hacerlo cuando los laterales suben y dejan la espalda descubierto. También es simple defenderse ante la U, se debe neutralizar a sus dos creadores de juego (Montillo y Aránguiz). Maniatado el medio laico, ya no hay muchas más variantes. En este partido se abrieron los dos puntas (Guerra y Larrivey) dejando a los centrales albos sin referencia de marca, pudo ser un gran movimiento si algunos de los volantes aprovechaba ese espacio libre. No ocurrió ni una vez.

Más de 550 pases, posesión de 62% y eficacia de 88% de entregas no sirven de algo si el equipo solo logra disparar 4 veces a puerta (versus 3 de Colo-Colo con 38% de posesión y casi la mitad de los pases). El balón pasaba desde un azul a otro azul con tal lentitud que parecía concierto de Pablo Herrera.

Desde el minuto 11, en que se gestó la apertura de la cuenta, Colo-Colo entregó a los universitarios balón y terreno. La U no supo que hacer con ellos. El plan de ataque estaba totalmente inerte porque a los dirigidos de Caputto no solo les faltaba velocidad, le faltaban por lo menos 3 cambios más.  Montillo estaba muy marcado por Fuentes y Carmona, Aránguiz nunca se conectó bien en ataque y Cornejo no fue el 3ero hombre necesario para el armado. En defensa, Mouche pilló mal ubicado a Rodríguez, Osvaldo de demoró mucho en salir al cruce y el ataque terminó con el gol de Paredes que estaba totalmente solo. El de Cerro Navia alcanzó al Tanque Campos como el máximo anotador en estos duelos.

El complemento inició con dos cambios de la U, ambos nombre por nombre pero sin cambio de esquema. En un zurdazo débil y poco colocado del ingresado Espinoza, los azules encontraron el empate. Pero no mucho más. El rival estaba herido y sangrando, pero no fue a por todo. Le faltó algo, no solo ganas. Sino un empujón desde el banquillo, algo que moviera el árbol y encontrara soluciones reales para ganar un partido que los locales debían ganar. Los cambios nunca llegaron, ni siquiera en la posición de aquellos que estaban en cancha. Aparte del gol y la ocasión increíble marrada por Larivey, los azules no generaron peligro alguno. El empate se terminó cocinando en una mezcla de impotencia y frustración, al final del día fue otra oportunidad perdida.

@avalenzuelapi