Las vueltas de Pinilla

Si me mencionan su nombre tengo tres evocaciones principales: un gol de chilena a Santiago Wanderers en el año 2003; el clásico del 2007 y el gol a la contra de visitante el año recién pasado. La chilena a Wanderers la escuché en la radio, cuando veníamos de vuelta de almorzar donde mi tía Cecilia, en uno de esos tantos fines de semana compartidos entre mi mamá y mi papá. Por otro lado, el denominado “superclásico” cuatro años después, lo vimos con mi papá en un local de la calle Vergara en Quilicura, al lado del “Costa”, rodeados por una inmensa y peligrosa mayoría alba que en cada intento de gol de ellos gritaban una nutrida cantidad de improperios enfocados principalmente en las huestes azules, de las cuales nosotros éramos parte. El último de estos episodios lo viví en mi casa, tratando con mucho esfuerzo de controlar la rabia que me produjo ver a nuestro equipo así.

Estos episodios son una fiel muestra de lo que ha sido Mauricio Ricardo Pinilla; no solo como jugador sino que además como persona. El primero, esa pincelada de talento en el gol al “Decano” nos muestra un chico que aparece deslumbrando con goles, despliegue físico y compromiso en una época complicada. El 2007 fue un año difícil para todos, y ese 0 a 0 en el Nacional frente al archirrival no significó un bálsamo para lo que estábamos viviendo. Más encima ellos se venían encima y se generaban opciones de gol que elevaban hasta el paroxismo las esperanzas rivales. Y en medio de ese vendaval de emociones, él salió ninguneando a un tal Arturo Vidal, quien no dudó en contestar.

Mauricio ya había encontrado una amiga en la fama, y de él no se hablaba únicamente en la sección de Deportes; nuestros periodistas lo habían convertido en un personaje de la farándula debido a sus constantes apariciones en lugares más dedicados al baile que a la pelotita. El año pasado y tras varias promesas de retorno incumplidas, se puso nuevamente la camiseta del club de sus amores. Y aunque el final de la historia no fue el más dulce, se dio maña para hacerle un gol a los blancos en su estadio. Qué partido ese. El hincha azul pasó por todos los estados de ánimo posibles, quedándose con el desencanto, la rabia y la tristeza. Él, maduro, enfocado, hombre de familia y comprometido con el club, ya no es el chico que se abría paso el 2003, ni tampoco el desordenado del 2007. La U ha sido testigo privilegiada de su historia, en algo se parece a nosotros.

 

Nacho Márquez | Radio AzulChile.cl