Lo que olvidamos

Desde ya quiero pedir perdón si mi intromisión en el mundo selección chilena genera alguna incomodidad entre los lectores, pero a pesar de la escasa algarabía que me provoca el combinado nacional, se me hace imposible evitar la reflexión acerca de nuestro amado deporte. Y es que en el proceso que hoy culmina de manera abrupta, se ha olvidado una premisa básica del fútbol, y es que él es cíclico. La U, por ejemplo, que demoró más tiempo en obtener un título nacional que en pasar del descenso a ganar la Copa Sudamericana. O la católica, que contra todo pronóstico logró un bicampeonato tras años de cargar con el letrero de segundones. Que lo diga Cobresal, Temuco, o el mismo Santiago Wanderers, que en poco más de un mes vio triunfar a sus jugadores en Copa Chile frente al campeón vigente para luego, en otra de esas pinceladas que el bendito fútbol nos regala de vez en cuando, oír el mortal llamado y sucumbir ante las llamas del descenso. Y por añadidura es este carácter impredecible el que hace que estos eventos no sigan un patrón de tiempo establecido, por lo que las “eras” en el fútbol pueden ser efímeras o prolongadas; acá pasó en poco más de dos años, y concluyó cuando se vino el fútbol encima. Porque no discutiremos el mérito que tuvo la “Roja” para bicampeonar a nivel continental, pero esta generación también conoce los traspiés. Entonces, quizás era mejor encarrilar las actitudes, optar por una dirección seria, como cuando el 2007 se sentaron las bases para el equipo triunfador, y abandonar esa soberbia que ya había caminado junto a la camiseta roja en España, a principios de los ochenta. Pero no. Reaparecieron los pitutos, los amiguismos y las marginaciones discutibles, futbolísticamente hablando. Entonces, una vez más el fútbol, único y legítimo dueño de la última palabra, nos regaló en el minuto 95 algo de épica mezclada con el amargo dulzor de la tristeza, esa que nos duele hasta las lágrimas pero que finalmente nos hace aferrarnos más al sentimiento. Porque Colombia no estaba siendo un muro muy difícil de superar, pero sin una búsqueda afinada del arco rival, se deja en manos ajenas el destino de un conjunto; y como la vida, el fútbol a su paso deja vencedores y vencidos, y si bien esta vez la historia se cuenta desde el prisma triste, solo resta re-calibrar el GPS para que la épica pueda nuevamente vestir de rojo.

Nacho Márquez | Radio AzulChile.cl