No perdono, no olvido : JUSTICIA PARA EL KILLER.

Estaba muerta de miedo. Yo era chica, sola, y al estar soltera no tuve tampoco mucho apoyo por parte de mi familia.
Pasé toda la noche soportando contracciones porque el doctor de turno había dicho que no quería que lo molestaran. A la mañana siguiente seguí con las contracciones pero ya no pude soportar más, por lo que me llevaron a la sala de parto. Fue angustioso, una enfermera tuvo que presionar con su codo mi vientre para que mi bebé naciera. Cuando por fin llegó al mundo, enseguida lo apoyaron en mi pecho, sentí una alegría inmensa, lo llené de besos.

El Jonathan nació a las 4 de la tarde, casi en punto, pesó 3 kilos 850 gramos y midió 57 centímetros, era grande, pero lo gracioso fue que a penas llevado un par de minutos en la tierra, al tiro comenzó a hacer travesuras, porque a la enfermera a cargo de pesarlo y medirlo, le mando tremenda ni que mea’, y entre risas me dijeron que iba a hacer un buen bombero… y como son las cosas… 19 años después, un primero de diciembre mi bebé se incorporaría como brigadista de CONAF… y todo terminó así, con esa angustia, ese miedo y la incertidumbre de saber que pasó con él aquella madrugada, dentro de ese maldito carro de carabineros.
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Mi hijo nació el 8 de julio 1992, fui mamá soltera. Cuando me casé, mi ex marido le dio su apellido pero, como mi matrimonio no duró mucho, imagen paterna no tuvo mi bebe. Yo siempre fui su mamá y su papá.

A medida que fue creciendo, siempre fue un niño muy alegre, juguetón, cariñoso, apegado a mi y a sus hermanos (él era el mayor de sus cuatro hermanos). Con su carísima se daba a querer en todos lados. Desde chico, en el jardín y luego en el colegio, siempre participaba de las actividades y a pesar de ser inquieto, era buen alumno, sus profesores y amigos lo querían harto. Siendo adolescente no perdía esa esencia, nos poníamos a jugar a la pelota los cinco, o inventábamos algo, o nos poníamos a bailar y el siempre salía con cualquier cosa para hacernos reír.

Le gustaba el arroz no importaba el «con que», eso si, siempre acompañado con su buen pebre que yo preparaba con anterioridad. No le gustaban las injusticias, jamás le negó el saludo a nadie, era amigo de todos. Defendía a su familia, ya que siempre hemos sido sólo nosotros. Amaba a su «U» con el alma, él de verdad la quería mucho. Cuando ocurre esto, él venía de ver un partido importante, estoy segura que debió sentir una alegría gigantesca porque La U había ganado y pasado a esa final de la que todos hablaban.
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Esa mañana me vuelve a retumbar cada vez que la recuerdo, unas horas antes había hablado por teléfono con mi hijo, quería asegurarme que estuviera bien y que la alegría del partido no lo hiciera «pasar de largo» ya que al otro día comenzaba a trabajar como brigadista en las Torres del Paine, «regresare temprano viejita, no te preocupes, te quiero mucho» fue lo último que me dijo, luego cortó y se terminó así el último diálogo que pude tener en vida con mi hijo. Como me gustaría levantar nuevamente el teléfono y escuchar su voz, decirle que lo amo, que lo extraño mucho, que se venga a la casa mejor…

Cerca de las 09:00 de la mañana, mi vecino, Patricio Ojeda, me llama y me dice que el Jonathan estaba hospitalizado, llevaba más de cinco horas en el hospital y jamás recibí un llamado por parte de carabineros. Esto fue un jueves.

En la madruga habían detenido a Jonathan y a dos de sus amigos por no portar carnet tras un control de identidad, según el procedimiento debían ser trasladados a la comisaría para verificar sus datos, se fueron en diferentes carros; los dos niños en uno y mi hijo se fue solo en otro. A sus amigos los llevaron a sus casas una vez comprobada su identidad, pero a mi hijo no, en vez de eso, fue ingresado a las 03:00 de la madrugada, inconsciente, al hospital de Puerto Natales. Es ahí donde comienzo a ver una serie de irregularidades referentes al verdadero estado en el que se encontraba mi hijo, como por ejemplo: que sólo en dos días su diagnóstico haya pasado de «Ebrio sin lesiones” a “Coma etílico, policontuso de carácter leve”. Además de tener Jonathan lesiones en su espalda, codos y sobre todo en su nuca que estaba rojiza.
Cuando trasladan a mi hijo al hospital de Punta Arenas, le hacen diferentes exámenes, los que dan como resultado una serie de hemorragias internas y una neumonía aspirativa, que pusieron a mi hijo en riesgo vital y siendo ingresado a la unidad de cuidados intensivos, en donde estuvo durante 14 días.
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La versión de carabineros dice que Jonathan rompe la puerta del carro policial y salta estando éste en movimiento. Luego dirían que aquel carro estaba previamente dañado por una detención anterior a la del «Killer», en donde un joven en estado de ebriedad habría golpeado la ventana hasta romperla.

El 16 de diciembre del 2011, siendo las 4:55 de la madrugada, Jonathan Ruiz Poblete fallece a causa de un traumatismo encéfalo craneano grave.
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Solo dos días antes, La U le mostraba al continente su primera copa internacional. Bernardita, su admirable madre, y Fabián, su mejor amigo, escucharon el partido junto a él en el hospital, y se dice que su oxímetro de pulso se sobresalto varias veces aquella fria noche en Punta Arenas, sin embargo cuatro fueron las con mayor frecuencia; las provocaron Lorenzetti y Vargas en dos oportunidades. ¿La cuarta?, la cuarta fue cuando el Killer, gritó «campeón» desde el fondo de su corazón.
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Escrito | Patricio Wolff