Opinión: Cruyff, la U y la identidad

El título de esta columna probablemente ya llame la atención: ¿Qué tiene que ver Johan Cruyff con la “U”? Aparentemente nada.

A propósito del fallecimiento del gran jugador  y entrenador holandés, a mi juicio uno de los tres mejores de la historia, se viene a la palestra su legado y lo que dejó es brillante en sus ambas facetas, como jugador y como técnico, y creo que esto es lo que lo hace en el más grande:  uno de los tres mejores futbolistas, detrás de Pelé y de Maradona, pero además uno de los mejores técnicos, faceta donde los mencionados no destacaron. Por eso, para mi Johan Cruyff es el más grande.

Pero lo que quiero plantear acá es lo que fue y lo que le falta a la “U”, a esta “U”: la identidad.

Cruyff surge de la cantera interminable del Ajax de Ámsterdam junto con otra generación inolvidable: Johan Neeskens, Ruud Krol, Johnny Rep, todos bajo la dirección de Rinus Michels. Eso ocurre a mediados de los años 60, la misma época en que acá la “U” dominaba el fútbol local, en la que quizás ha sido su mejor época,  con un equipo casi totalmente proveniente de las divisiones inferiores. Cruyff y sus congéneres, aún dirigidos por Michels, llevaron esa identidad a la selección holandesa y la transformaron en la llamada “Naranja Mecánica”, y la “U”, lo hemos dicho antes, fue la base absoluta de la selección chilena de 1962. El denominador común es la identidad futbolística.

Hace unos días en el programa “La voz azul” de esta radio, hablamos con el legendario ex jugador azul Pedro Araya y coincidíamos en que lo que falta a la “U” es una identidad futbolística. Él mencionaba que cuando existió el “ballet azul”, todos jugaban de la misma forma ya que desde las inferiores les venían inculcando ese fútbol, el fútbol de la “U”, de tal forma que cuando llegaban al primer equipo no había problemas de adaptación: seguían jugando de la misma forma. Y eso se debía, en gran medida, por un lado a que el mismo entrenador de la primera era el Jefe Técnico de todo el fútbol azul, desde la primera división hasta la 3ª infantil de entonces, y por otro a que cada año subían al primer equipo al menos dos o tres canteranos de la misma edad. Adicionalmente, los juveniles, igual que hoy, eran seleccionados para hacerlas de “sparring” de los adultos. Así, el proceso de transición era reducido al mínimo.

Hoy tenemos que el fútbol de la “U” no es el mismo en sus divisiones y depende prácticamente del entrenador de turno, y lo que es peor, el técnico del cuadro de primera NO TIENE REPONSABILIDAD en el resto de las divisiones. Entonces por un lado no conoce en profundidad a los “aspirantes” y por otro lado se produce esa diferencia de estilos que produce que no exista una identidad como la que existía antes.

Desde el inicio de la concesionaria Azul Azul la Universidad de Chile no tiene un padrón de juego definido, ya que para la elección del entrenador del primer equipo no se ha seguido ninguna línea que nos indique “este es el fútbol” que quieren para la institución: Arturo Salah fue reemplazado por Sergio Markarián que duró sólo un semestre; luego vino José Basualdo, que no se asemejaba en lo más mínimo al uruguayo. Posteriormente, trajeron a Gerardo Pelusso, en lo que parecía que los dueños de la “U” querían instaurar el estilo uruguayo, pero cuando se va el ex seleccionador paraguayo eligen entre los postulantes Diego Simeone y Jorge Sampaoli, los que no tenían ninguna semejanza con su predecesor. Después, para reemplazar al exitoso Sampaoli, parecía que buscaban mantener una identidad, la que más se asemejaba a la del “ballet” y trataron de seguir la línea “bielsista” con Darío Franco, al menos eso dijeron, pero vuelven atrás con un técnico que desconozco a qué estilo representaba, como Marco Antonio Figueroa, el que es reemplazado de urgencia y transitoriamente por Cristián Romero. Y Cuando eligieron un técnico definitivo, fueron por Martín Lasarte, y ahí uno pensaba que se volvía al estilo charrúa (vuelta atrás del “bielsista” al uruguayo), pero… para reemplazarlo van por otro (teóricamente) “bielsista”, como es Sebastián Beccacece. Lo que quiero demostrar en este breve resumen es que no hay una “línea futbolística” entre uno y otro técnico y, lo que es aún peor, ninguno de los mencionados ha ejercido una labor preponderante en las divisiones cadetes.

Producto de lo anterior es la falta de identidad de la que adolecemos actualmente en el primer equipo, profundizada en la ausencia mayoritaria de canteranos en el plantel. Todo esto lo vieron los holandeses del Ajax hace 50 años y de ahí surge esa maravillosa generación como la arriba mencionada y siguen produciendo jugadores hasta el día de hoy, y lo mismo entendió el Barcelona cuando a fines de los 80 entregó la dirección futbolista a Cruyff y comenzó la revolución que hoy los tiene a la cabeza del fútbol mundial, y esa revolución no solo abarcó al primer equipo, porque entendieron que para que fuera permanente debía abarcar a todas las divisiones del club, y hoy se habla de la “filosofía barcelonista”, la que se impregna en el laboratorio de “La Masía”. Lamentablemente el tipo de torneo chileno, que dura una rueda, y el espíritu cortoplacista que impera no solo en nuestro fútbol, sino que también en toda nuestra sociedad, inhibe la paciencia para los “procesos” duraderos en el tiempo, tal como lo implementaron holandeses y catalanes. Y así estamos, y así seguiremos.

 

Por Luis Miguel Retamales C.