Opinión: Hoy es un día especial…

Eso al menos lo que se nos ofrece a la hora de enfrentar el partido del pasado domingo, pero Chile es un país raro, tanto que diputados hablan de cosas que no saben y dicen pelotudeces del tono de una mala comedia.

Es tan raro que la prensa nos vende un llamado clásico en donde uno de los equipos autodenominado el más grande de Chile, si pierde tres partidos seguidos la galería aparece vacía y los que van, gritan desgarradoramente que se vayan todos los culpables, de tal desastre de perder. Un partido en el que existe una amplia superioridad de este campeón de la Copa Libertadores, pero que no pasa de la ronda de grupos desde hace más de 7 años (raro).

Por otro lado esta este equipo que tiene una copa de la segunda división en sus vitrinas y que pareciera tan importante como la de cartón ganada en 2011, ese que aunque no se esté en racha es el equipo siempre hay al menos 5.000 personas desgarrando la voz, y otros tantos viendo el partido en casa o bares, porque no tienen tiempo para llegar al estadio o bien la plata no les alcanzan o peor aún no logran salir de sus casas por situaciones mayores.

Ese público que aunque el azul vaya perdiendo por tres goles siguen viendo hasta el final del partido porque si el lateral por fin pasa y centra, puede que hagamos el gol y de ahí lo damos vuelta. Aunque esto parezca ilógico siempre se está esperando que lo demos vuelta y nunca dejamos de añorar ese momento porque esto es la U.

Pero el partido del domingo no es un clásico en la cancha, pareciera que para la mayoría de los jugadores, es un partido más un día de trabajo en donde se tiene que cumplir, y se está más preocupado de no mandarse un número que de ganar.

En ese contexto el partido de ayer fue opaco casi llegando ser el mejor remedio para el insomnio, sin sorpresa y mucho menos emoción. Los jugadores parecían estar esperando que no les llegara la pelota para que nadie los mirara y tampoco les gritaran.

No hay mucho que analizar de un juego en donde nadie quiso ser protagonista lo que hay que destacar es la entrega de Gonzalo Espinoza, quien fue el único que parecía disfrutar el entorno y el partido, pero no basta con tres jugadores que quieran ganar, ya que, lo que se le a olvidado al técnico es que es un juego de equipo y que las individualidades no son más que figuritas sino tienen un soporte.

Pero para el hincha es una semana especial desde que te levantas el lunes y empiezas a conversar, todos te recuerdan que el domingo van a correr, piensas en hacer apuestas y como vengarte de las bromas hechas tras la última derrota.

Toda la semana es una procesión liderada por la creciente ansiedad de que llegue luego el partido, es un clásico recordar el 5 – 0. Y enrostrarle el 4 – 0, además de siempre hacer hincapié en que le vamos a ganar toda la vida en la tribuna porque lo de nosotros no es por el resultado, sino porque nos gusta darlo vuelta, de ganar por medio cero, de cantar hasta quedar afónico y saltar hasta que te queden las pantorrillas adoloridas de saltar, y si llueve es la expresión máxima de nuestra pasión por cantarle a la institución. Y si lo estás viendo por televisión te llenas de cábalas absurdas pero que según nosotros los hinchas son muy poderosas, sentarte en el mismo lado del sillón, tomar la cerveza a la misma hora, no pelear con nadie media hora antes del partido y asi un sinfín de rituales para poder ganar esa apuesta contra el que no ha ido nunca al estadio que no sabe cuáles son los jugadores que ganaron el partido contra boca acá, y mucho menos quien es Marco Echeverry.

Si para nosotros es un día especial y no te lo puedes perder, porque siempre algo te quedara para toda la semana esperar para ver al azul, en otra persona y sentir simpatía.

Por Alejandro Sepúlveda