Querido Jhonny Herrera:

Quiero comenzar contándote que mi historia en la U comienza casi junto a ti, por allá por el año 99. Yo ya llevaba un par de años como declarado hincha azul, pero fue en esa campaña donde con 8 años comencé a seguir más de cerca los pormenores del equipo azul. Luego vino el bicampeonato, las eliminaciones de playoffs, el autogol de Pedro Reyes y el golazo de rabona de Mauricio Cataldo allá en Collao. Pero algo pasó el 2004, y ese comienzo con el baile a los indios nos dio una pequeña esperanza sobre lo que sería ese torneo. Salimos campeones rasguñando, apenas clasificando, pero con una tanda de penales que, como ocurriría en ocasiones posteriores, te tuvo como héroe. Y llegó ese 2005, en el que todos pensamos que de la mano del flaco Olivera, Rivarola, la liebre Riveros, el Colocho Iturra y por supuesto Marcelo Salas, íbamos a ganarle la final a los cruzados. Pero quiso nuestra mala estrella que fuesen ellos los que festejaron, dejándonos con una amargura que a mí al menos, me duró unos cuantos días. El salto lo damos al 2011 pero quiero hacer una pequeña parada en el 2008. Fue muy lindo verte salir campeón con Everton, sobre todo por la final y por el rival al que se enfrentaron. Sé la satisfacción que te debe haber provocado el ganarles a ellos y dejarlos sin esa chapa de multicampeones, la que ahora sería un rasgo tan insoportable como todos los que, alimentados por la soberbia, caracterizan a los hinchas de ese cuadro. Y volviste, aunque verte tan abrazado con Rivarola en ese partido contra Audax me dio la impresión de que tu regreso era inminente. Un amigo dijo por ahí que tú volviste a darnos algo que nos faltaba, que era respeto. Los jugadores de ese tiempo sentían a la U, pero permitían que antes de los clásicos nos basurearan como querían, y no respondían a nada. Algo cambió ese 2011. Cambió para bien, pero también para mal. Algunos se acostumbraron a ver una U poderosa, que metía miedo en cada rincón del continente. Sin embargo, quienes crecimos en épocas anteriores hemos forjado nuestro amor en situaciones mucho más adversas. Nuestra adolescencia fue una constante lucha contra las burlas de los parciales de otros clubes, sin contar las generaciones mayores a la nuestra que vivieron sin siquiera ver campeón a la U. Los 25 años, el descenso, la quiebra y todo eso lo sufrimos estoicos, como este amor nos ha enseñado. Este cambio que te mencionaba nos trajo a la sociedad anónima y nos cambió el formato a la fuerza. Nos estamos recién acostumbrando a esto de ver a los patrones de fundo dirigiendo los destinos de algo que para ellos es una empresa, una inversión; pero para nosotros es toda una forma de ver las cosas. Miramos con recelo las decisiones, en parte porque no tenemos voz ni voto en ellas, y además por el tono en que se están llevando a cabo. No olvidar que te dijeron vaca sagrada, ellos que por este club no han hecho más que transferir montos, ellos que no tienen idea de lo que significa ponerse los guantes para proteger la valla del equipo más lindo del mundo. Ellos, que creen que por tener más plata que el resto, pueden darse el lujo de ningunear a alguien que ha dejado la vida en la cancha por hacernos felices a unos pocos millones de locos que nos hacemos llamar hinchas de la U. Ellos, que no saben cuánto pierden si le quitan a la U al arquero más trascendente de los últimos 20 años, el capitán Jhonny Herrera. No te vayas nunca, capitán, que te llevarás una parte de nosotros.

 

Nacho Marquez | Radio AzulChile.cl