• Mié. Feb 28th, 2024

Capítulo 4: «Aplaudan, no dejen de aplaudir»

Era un sábado inusual. No había un clásico en disputa, ni estaba en juego una copa, pero la hinchada de la U metió 40mil personas como si fuese un partido decisivo. Por fin alguno de los “genios” de azul-azul tuvo una buena idea: llenar la cancha, como siempre tiene que ser, con un 2×1, el precio real que merece el hincha de la U. Nos cagan con los sueldos, con las pensiones, con las tasas de interés; un poco de respiro al bolsillo siempre viene bien, y más cuando se trata de ver la pelotita rodando y los azules dando la pelea, una vez más, como tantas otras tardes, como siempre.

La U salió a jugar con los dientes apretados, como si los del Campanil hubiesen mirado feo o debiesen la cuenta de algún plato roto. No iban ni tres minutos de juego, cuando el estadio se vino abajo: jugada un poco sucia entre los zurdos del equipo, Beausejour y Leiva, incluyendo un taco del primero y un enganche a lo crack del segundo, que culminó en un centro atacado con hambre por el 9 del equipo, Felipe Mora, a estas alturas uno de los fijos en el equipo.   1 – 0 y a timbrar. Más de alguno recordó esas tardes de gloria, no hace mucho, con el sol de frente en las alturas de la Puerta 17.

El segundo gol vino como una copia del primero, pero esta vez por la banda contraria: incursión de Mati Rodríguez, pared con Maturana, y éste lanza un centro con su pierna menos hábil, un centro malo que tuvo buen final, pues Leiva, cazando con hambre, no tuvo más que empujar el balón. 2 – 0. La U, por de pronto, atacaba hasta con 5 jugadores. La hinchada empujaba con la voz.

Pudo el resultado ser mayor, pero el equipo bajó la intensidad. Medio en broma, medio en serio, pedíamos el pitazo para que terminara el primer tiempo, que la U de Conce ya se venía. Pero también había otra razón: nadie quería ver empañada esta fiesta, el hincha de la U quería aplaudir. Por fin un equipo fiero, por fin había 11 azules yendo al frente, como leones, como Lorenzo Reyes, como el chino Martínez.

El segundo tiempo confirmó el primero, mas la noche tenía una sorpresa más: el joven arquero Espinoza, que estuvo a la altura cuando le tocó intervenir, resguardando el resultado. Tuvo dos mano a mano que nos hicieron recordar, por un segundo, al samurái Herrera, con esa particular forma de aguantar hasta el último minuto al delantero rival, achicando el arco, intimidando. Si éste es el tercer arquero, estamos blindados.

La guinda de la torta: remate bajo, pegado al palo, de la Gata Fernández, quien capitalizó una inyección de adrenalina de Contreras, quien robó el balón como si fuese la mina rica de la disco. Gol y a celebrar y que el último apague la luz. El resto, el descuento del rival, nada más que una anécdota.

Y si bien el pan a la salida traía la misma palta de siempre -¡Hasta con la palta nos cagan!-, la Pilsen, eso sí, estuvo más helada que nunca. Era uno de esos sábados de gloria.

¡Aplaudan, no dejen de aplaudir! No salimos campeones, pero si el equipo va a jugar así la próxima fecha… Dios te pille confesada, catoliquita.

Ya palpitamos el clásico con las monjas.

Por JC de La 17 en el aire

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