• Jue. Feb 22nd, 2024

Capítulo 6: “Equipo mágico, le llaman…”

Al de la U roja en el pecho, “equipo mágico” le llaman, símbolo del ímpetu que nos viene ante la adversidad, cuando la cosa viene mal y llueve sobre mojado y estás tan hundido que no te puedes ni el culo… y, sin embargo, le das, una vez más, y te levantas, una vez más, y sigues por inercia, no importa, no darle el gusto a la muerte, la maldita: lo intentas, una vez más. Por eso es mágico: porque nos subleva contra todos aquellos que nos enterraron antes de tiempo.

Acaso por eso nos hicimos de la U: por su épica. A mi hija, en camino, no diré historias sobre corsarios y piratas. Antes de dormir, ella oirá los nombres de todos esos héroes que una vez vistieron la camiseta azul y dejaron todo por defenderla, incluso de aquellos que nos hicieron soñar en medio de días amargos: 25 años para ser exactos. Y diré: ganar campeonatos es maravilloso, todo bien, pero la magia está en soñar cuando todos dicen que estás loco.

Así viajaron los hinchas a La Serena: con la fe intacta, como solemos decir cada vez que nos subimos a un bus o un avión a rodar la ruta del Romántico Viajero. Veníamos de un receso por la selección y de una dura derrota contra las monjas. El rival era Cobresal, un viejo conocido, el mismo que nos hundió en el descenso el 89, el mismo que casi nos amarga la fiesta el 94 en el Salvador.

Mas esta U no es mágica: es fastuosa y millonaria, pero no es mágica. Tiene un plantel de grandes figuras, pero no es el equipo mágico que representa al pueblo azul. Y no por las derrotas, no; sino por dos motivos precisos: la actitud dubitativa que opone a la adversidad y la ausencia de un amor honesto por la camiseta. Yo sé que los juiciosos periodistas dirán que vivo de una quimera, que el fútbol moderno excluye el romanticismo, que los jugadores son profesionales, que juegan donde se les paga, etc. Pero la U tiene sus códigos, su historia: este es el equipo mágico por la ilusión que se despierta cuando el Bulla sale a la cancha, como dice la canción…

Pasa que cuando este Bulla versión Beccacece sale a la cancha, no se levanta el clamor popular, sino todo el arsenal de puteadas y chuchadas propias del que sufre con esto: 2’ y el primer “puta madre, nos rajamos” salió de la garganta, el Johnny había sacado un remate bajo. La respuesta fue inmediata, pero Mora, el goleador, anda con la nubecita y, tras un centro exacto de Beausejour, le hizo un gol, pero al arco de rugby. No sólo eso: se lesionó y tuvo que salir de la cancha. Hasta en eso este equipo no es mágico. ¿Qué más? El rival sabe jugar al contragolpe, dos tiros rasantes, dos pepas y, más encima, “la gata” Fernández se pierde un penal: así, tal cual, se hace el guion de una película de terror. 2 – 0 en contra y final.

El panorama está oscuro. La fea se solaza bailando en nuestros brazos. ¿Se arregla esto con la salida del técnico? El fútbol no tiene recetas ni un código escrito. Es de pálpitos, de intuiciones. O te la juegas o nunca lo sabremos. Eso sí: un técnico inteligente juega con la hinchada a su favor, no frente a ella como en el teatro. Y hay una final más en cuatro días: una chance, quizás la última para el dt, de hacer que vuelva la magia. Aguante la U y su gente.

Por JC de La 17 en el aire

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